
La noticia del escándalo por el pago de subvenciones en Educación ha generado ruido a nivel nacional. No sólo por el tema de los pagos irregulares a falsos sostenedores, sino también por préstamos de dinero destinados al Ministerio de Educación y por el pago de matrículas de alumnos que se encontraban inscritos en más de un colegio.
Este lamentable escenario me lleva a preguntarme acerca de cuán riguroso es el sistema de control de dichos recursos y también de aquellos otros subsidios destinados a las familias más vulnerables de nuestro país.Me parece que, como sociedad, no podemos seguir tolerando estas irregularidades ni podemos escudarnos en un discurso de “escasez de recursos para el control y la fiscalización de los subsidios”. Actualmente existen muchos mecanismos de control que podrían aplicarse también al sistema de subvenciones estatales para la educación.
Un buen ejemplo a seguir es el Sistema Rukan, software utilizado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo que le permite al Serviu y a las EGIS (Entidad de Gestión inmobiliaria Social) detectar a las personas que ya han recibido un subsidio habitacional con anterioridad. De esta forma, no sólo se vuelven más eficientes los procedimientos para la postulación a los subsidios habitacionales, sino que además, se garantiza que los recursos destinados a los más vulnerables y a quienes nunca han recibido una solución habitacional, lleguen a sus verdaderos destinatarios.Ya es hora de que empecemos a buscar soluciones en conjunto y aprendamos de las buenas experiencias y las buenas prácticas de quienes trabajan verdaderamente por un país con un sistema de protección social destinado a los más vulnerables. Dejemos de entramparnos en discusiones sin sentido, en ataques poco constructivos y en discursos pasivos y resignados.
