Quiero compartir una reflexión que me ha abordado por estos días. Estuve haciendo dedo en Sta. María de Manquehue, exactamente en la esquina Carolina Rabat – Lo recabarren, un día miércoles de hace unas cuantas semanas. Veía los autos pasar, madres con hijos, jóvenes, lolas, requetes y en fin, toda la fauna ABC1 más un par de vehículos a maltraer que acarreaban trabajadores de las construcciones de la zona. Al cabo de un rato, mi reloj me comentaba que había fracasado en mi intento por evitar el transa. Sin embargo, no fue esa derrota la que marcó mi mente, sino que la de significar una amenaza para la sociedad. Bueno, amenaza propiamente tal no, pero gran porcentaje de los conductores me percibía como una potencial amenaza, o al menos eso concluí al ver los pestillos bajarse en señal, no solo de rechazo a mi petición de auxilio móvil, sino que también en señal de que podría intentar un abordaje forzado. En fin, no me fue tan desagradable ser considerado peligro público, mal que mal, ser el malo no esta mal de vez en cuando.
Camine 10 cuadras (o algo así) hasta la rotonda esa, la del Unimarc y demases. Me tomé la micro, atestada de gente (no se preocupen, no fui victima de manoseos ni victimario de los mismos, aunque dado mi cartel de malo, debo admitir que se me pasó por la mente), la cual me dejó a merced de la democracia. De pronto me encontré haciendo dedo nuevamente, pero esta vez para bajar por la pirámide y lograr acercarme un poco más a mi dulce hogar. En esta nueva esquina las cosas eran un poco distintas. De partida, no era el único. Esto me alivió del complejo moral de ser un free rider del transporte público, pero a la vez, me significo enfrentar una competencia. Cuando estaba a punto de comenzar mi análisis competitivo para delinear una estrategia a seguir, caí en cuenta de que mis otrora colegas coyunturales lograban embarcarse con bastante fluidez. ¿Y a mí? Me ignoraban. Al cabo de unos minutos una camioneta se detuvo cerca de mi. Al igual que otros seis conciudadanos corrimos para abordarla. Era evidente que los siete no entrábamos, entonces uno de ellos la lanzó nomás: “hey rutsio… déjele espacio al pueblo po socio, tómese un taxi”. Risas generalizadas, y yo absorto, pasmado y triste por la situación. En 35 minutos pase de ser el delincuente psicópata mas temido de Lo Curro a ser un cabeza de pichí, piruja de cuna preciosa. Yo era el mismo pero el escenario había cambiado. Pero ¿quién era yo realmente? ¿El bueno? ¿El malo?
Al llegar a mi hogar (finalmente me tome una micro), prendí el PC, abrí google y busque el significado de la relatividad: Teoría que se propone averiguar cómo se transforman las leyes físicas cuando se cambia de sistema de referencia.Todo es relativo… que bueno que podemos descansar en eso.

somos clasistas
Tu testimonio no hace mas que confirmarme que somos clasistas, pero en general por clasismo se entiende la discriminación hacia estratos económicos mas bajos, aunque me parece mas correcto hablar de discriminación de estratos económicos diferentes al nuestro, sean mas altos o bajos.
Como opinión personal, creo que en Chile somos más "clasistas hacia arriba", es decir discriminamos más a los estratos económicos superiores al nuestro. Que opinan?
Sí
Yo pienso que sí hay clasismo hacia arriba, y que es útil observarlo como un fenómeno histórico. No olvidemos la institucionalizada "lucha de clases" como eje central para interpretar y superar los problemas sociales.
No olvidemos la guerra fría, la dictadura en Chile, el movimiento sindical, la segregación de los campamentos a la perisferia, los de izquierda agrupados en ONG's, el campo chileno, la hacienda, el inquilinaje, la Nana (otra gran institución), etc.
Creo que además ocurre que en Chile la elite es muy cerrada y la clase media, aunque en crecimiento, es incipiente como grupo de referencia. Y bueno, los pobres son ignorados a como de lugar.
Abrazo,
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Pancho Cerda