Históricamente Concertacionista, los problemas de este gobierno en su gestión, manejo comunicacional, liderazgo y recogimiento de lo que un amigo mío llama, "el alma nacional", me tocan y me duelen seriamente.
No es retórico decir que me dan ganas de renunciar a mi trabajo y ponerme a disposición del Estado o el Gobierno, pero variables estratégicas de mis planes a futuro me lo impiden en este momento. No vale la pena comentar aquí.
Por otra parte, sii la tendencia es la misma, hay posibilidades reales de que el próximo gobierno (sin haber hecho nada) sea de la derecha. Lo perdería la Concertación, para ser más precisos.
Así, la Concertación se vería obligada a rearmarse, reconstituirse, rearmarse, refrescarse. Y no es tan malo creo yo. Es justo y necesario a esta altura.
En este escenario, hay una oportunidad grande de que nuevos actores entremos en el liderazgo y la acción pública y política. Nuevos partidos, nuevos grupos o nuevas categorías de agrupaciones que aspiremos a llevar a Chile al lugar que queremos, en la nueva economía (que ya no es tan nueva) después de casi 30 años de democracia.
Una concertación dañada, perdedora y en desintegración, es un peligro para el país, pero una oportunidad para quienes tenemos interéses políticos progresistas, humanistas, liberales y democráticos. Y esto está dos pasos más allá.
Para cerrar, quiero constatar mis esperanzas de que este gobierno enmende su camino, y no quiero dar la carrera por corrida y perdida. Creo que se puede mejorar (no sustancialmente), creo que el tiempo ayuda ha hacer evaluaciones decantadas (como que el gobierno de Lagos fue más o menos), y creo que la derecha tiene que hacer mucho para merecerse un gobierno, y ser otra para hacerlo bien. Sus conversaciones me parecen chatas, conservadoras, fomes e improductivas. Pero habrá que ver, y espero que sea bueno lo que veamos.

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