Comunidad Ecológica Cristiana
A mi querido amigo el guatón camión.
Poco es lo que sabemos de la comunidad ecológica cristiana de la cual tanto se ha hablado por estos días en la prensa. Pese a las informaciones, son un misterio, un enigma. Nadie sabe realmente en que consiste su postura ante la vida, sin embargo, han quedado en el debate público por una cuestión que va más allá del hito policial. Como se ha publicado, han encontrado el cadáver de Jocelyn Rivas enterrado en territorio de dicha comunidad, en un acto que la ley ha declarado como inconstitucional. Además, se les ha acusado de impedir derechos básicos de las personas del grupo, sobretodo en el caso de los niños, quienes no acceden a educación y ni a otro tipo de medicina que la natural. La muerte de Jocelyn corresponde a una septicemia no tratada, a raíz del parto natural al que estuvo sometida sin ayuda médica tradicional.
Son vegetarianos, trabajan la tierra, y viven lejos de las ambiciones que azotan a nuestra sociedad. Se han auto marginado de ésta pues no es de su pensar ni sentir, de modo alguno casi, la manera de vivir con la que su entorno inicial lo hace. Son austeros, ritualitos y fuertemente creyentes. Pero siguen siendo un misterio. Se habla de un líder, o de una líder, de una estructura piramidal, de enviados de Dios, de capacidades de sanación extraordinarias, de iluminación, de cercanía espiritual, de riqueza del alma. ¿Cómo habrá sido en los tiempos de Jesús esto? Los doce discípulos, las cenas con el Señor, los rituales, los milagros. No sugiero nada con lo anterior, al menos no es de mi intención, pero me cabe una posición dual cuando reflexiono acerca de ésta comunidad.
Voluntariamente se han excluido de la sociedad. En otras palabras, los acuerdos que la sociedad ha pactado para asegurar los derechos mínimos del ser humano, no son de su voluntad. No están de acuerdo con como la sociedad enfrenta la vida, ni en costumbres, ni en creencias, ni en sus normas y entonces se marginan. Y han sido los más consecuentes. Se han voluntariamente excluido… de la sociedad… la misma que hoy los castiga pues aunque no lo quieran aún son parte de ésta, a su manera, con sus reglas. La inhumación del cuerpo de Jocelyn Rivas es inconstitucional. Lo es en Punta Arenas, Coquimbo y Pirque. Entonces cabe preguntarse, ¿es realmente voluntario este derecho que otorgamos al Estado para que vele por nuestros intereses, para que nos represente, juzgue, delibere y ejerza un poder coercitivo? Mmm… me parece que no, y no le encuentro mucha solución al tema. Me gustaría proteger la libertad de opinión, acto y culto; pero también, proteger las vidas, incluso de quienes no quieren ser protegidos. Siento una obligación a tolerar a esta comunidad, no más grande que la obligación a cuidar a los niños, y a la madre que se desangra en el parto, y la familia de Jocelyn y a la mía. Quizás la sociedad sugiere que se vayan. O que se queden pero deben inscribir a los niños en el registro civil, darles acceso a un colegio, atención médica, alimentación completa. Por su parte los adultos deben ceder, tal como lo declara el alcalde de la comuna señor Jaime Escudero. Digámoslo así: un tira y afloja de sus costumbres. Además, la sociedad no los obliga pero les sugiere casi de manera grosera volver a la “civilización”. Que vean tele quizás, o que vayan de shopping para relajarse un rato mientras se sirven una coca zero y el resto los espera con aperitivo en el Tip y Tap y los llaman por celular para que se apuren porque el más pequeño quiere llegar a probar el play 3 que acaba de comprar. No es una crítica esto último, pero si es una exposición del dualismo que me genera este caso. Felizmente parte de ésta sociedad pero incapaz de condenarlos por inconstitucionales. En voz alta grito, moderen sus posturas… y en voz baja susurro, ánimo y fuerza valientes samuráis de mi completa admiración.
Mi padre soñaba con vivir en una comunidad hortelana, en donde los chicos aprendieran de la palabra de los grandes, en donde la ley de la vida fuese la del amor, en donde se tuviese de vecinos a Francisco de Asis, Joaquín Serrat y Khalil Gibrán. Donde se orara en paz, en donde la medicina fuese la natural y el pan producto de la tierra y de la mano de los hombres. Sueño con, decía... y hay buena gente que hoy lo vive, y no precisamente en los sueños de mi padre.
No deja de ser interesante lo que el impredecible de Carlos Peña anota en su opinión del domingo en El Mercurio, D16 para los interesados.
Curioso lo que ha suscitado este tema. Ayer el subsecretario Harboe comparó la comunidad con Colonia Dignidad. La forma de vida mística, espiritual y alejada de las ambiciones del hombre moderno es comparable con las violaciones a DD.HH. ocurridas en el enclave alemán. mhhhhhhhhhh...
Nustra vida moderna, la de la tecnología, el dinero, la comida rápida y la explotación de la naturaleza es tan "perfecta", que no nos cabe en la cabeza que alguien viva aislado de esa sociedad. Por eso la corte ordena ayer en ingreso de médicos a la comunidad. "Para poner orden", dicen...