La inmortalidad de los Parra

nicanorSin lugar a dudas la familia más virtuosa de nuestra corta historia de país. Por allá en Lautaro, en el sur, en la pobreza que muchas veces era miseria, se educaron los ocho hermanos del clan Parra Sandoval... bendito el día en que Clarisa y Nicanor comenzaron a procrear.

En la música y la literatura, los Parras destacaron hasta trascender sus aminoradas habitaciones de adobe (para sentir la tierra, el suelo de adobe también). Forzados a descubrir las calles en busca de monedas o alimentos o tal vez de una suerte mejor. Así fue como Eduardo (Lalo) y Roberto se divertían con los circos de paso. Así fue también como las virtudes y defectos de la calle comenzaron a brotar en sus vidas. Luego Violeta, que con su hermana Hilda rescataban el folclor nacional dándole nuevos ribetes y colores (algo así como una canción popular chilote con cuatro venezolana y manto de cochabamba). Y así también como Violeta no despojaba su pena de infancia, adolescencia y madurez (que algún día terminaron con su vida en aquella carpa de La Reina). Pero los Parra crecieron juntos, potenciados en donde cada cual resultaba precursor de su hermano. Violeta ayudaba a Lalo (le escondía el vino en sus ensayos) para que este compusiera sus cuecas póstumas (El Arrepentido y El chute Alberto), Lalo a Roberto, enseñándole los secretos del burdel (evidente inspirador de su Negra Ester) y este a Lautaro (quién formó Los Viejos Parra junto con Eduardo), Nicanor a Violeta llevándola a Santiago para desarrollar su música y ésta a él, que por entonces destacaba como estudiante de Matemáticas de la Universidad de Chile para luego transformarse en el pujante antipoeta que todos conocemos. Los Parra no abandonaron jamás sus raíces. Luego de la muerte de Nicanor padre, el clan sostuvo a Clarisa con más dedicación que cualquiera de nosotros y cada cual se desarrollo en función a lo aprendido en sus perras vidas primeras, con las cuales gritaron a voz viva el mensaje raíz cultural de nuestro país. Primeras vidas digo, pues los Parra son inmortales y su legado incalculable. De segundas y terceras generaciones nos encontramos con los frutos de Viola: Ángel e Isabel, Colombina hija de Nicanor y Clarita hija de Lalo. Todos músicos y escritores. Luego Javiera y Ángel hijo agregando un sello rock-folk con Javiera y los Imposibles, Los Tres y Ángel Parra Trío, más los trabajos como solista de la hija de Isabel, Tita Parra.

Que orgullo tan grande me provocan los Parra... como para llorarlos a diario. Si hablamos de cultura nacional, hablemos de los Parra por favor.

el lunes, 01 octubre, 2007 a las 2:53
Toa la razón..Salud! .D





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